En el nombre de Dios, de la Santísima Trinidad del Padre, del hijo unigénito y del Espíritu santo. ¡apártense espíritus malignos, para que no puedan ver, ni oír nuestras actividades o nuestros planes, y para que no puedan engañarnos ni perseguirnos, ni interferir en nuestros planes y proyectos o causar confusión en nuestros esfuerzos por servir a Dios! El Señor nuestro Dios les ordena que se aparten y nunca vuelvan! Oh SEÑOR, Santísimo y todopoderoso, haznos invisibles a nuestros enemigos. Amén.
Oh Glorioso Patriarca San José, heme aquí, postrado de rodillas ante vuestra presencia, para pediros vuestra protección. Desde ya os elijo como a mi padre, protector y guía. Bajo vuestro amparo pongo mi cuerpo y mi alma, propiedad, vida y salud. Aceptadme como hijo vuestro. Preservadme de todos los peligros, acechanzas y lazos del enemigo. Asistidme en todo momento y ante todo en la hora de mi muerte. Amén.
Engaño hay en el corazón de los que piensan el mal; Pero alegría en el de los que piensan el bien. 21 Ninguna adversidad acontecerá al justo; Mas los impíos serán colmados de males. 22 Los labios mentirosos son abominación a Jehová; Pero los que hacen verdad son su contentamiento. 23 El hombre cuerdo encubre su saber; Mas el corazón de los necios publica la necedad.
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